Con el apoyo de:

Mapeo de la Memoria

Mausoleo Padre Francisco Rother

Código: MPC0719001

Material multimedia

El santo que vino a dejar su corazón

Por Elizabeth Rojas

 

“Tus días enganchados con los nuestros,       
Uno a uno, encandenándote fuertemente.
No lo romperías y huirías”
Fragmento de un poema mortuorio dedicado a Apla's por R.P.G.

 

Hay un antes y un después del sacerdote Stanley Rother en  Santiago Atitlán, el pueblo al que él llegó recién ordenado y en el que aquel muchacho granjero de Oklahoma encontró su lugar en el mundo.

Muy pronto llegó a ser conocido como Aplas, incluso sin el título padre, de rigor para referirse a sus colegas, pero no para aquel mocetón de roja barba y mirada chispeante, que podía ser encontrado compartiendo tortilla en el suelo de una choza, trabajando en un tractor en las tierras de la parroquia u oficiando cinco misas en cuatro localidades diferentes cada domingo.

 

“Unidos por tu afecto
Y nuestra confianza,
No tuviste otro mundo
Sino aquí, con nosotros”.

 

Apla's llegó sabiendo diez palabras de español. Se dedicó con tesón a aprender el idioma y pronto quiso más: Para poder comunicarse verdaderamente con sus feligreses aprendió el Tz’utujil, uno de los idiomas más difíciles en todo el mundo. Y esto lo hizo un muchacho que había sido reprobado en Latín. Pero puso su corazón y pronto estaba oficiando en el idioma local y traduciendo el Nuevo Testamento.

La parroquia que había estado cien años sin un sacerdote residente, floreció.  Apla's acometía proyecto tras proyecto con su incansable energía. Enfatizaba el valor del trabajo duro y la importancia de generar sus propios ingresos.

 

“Días largos, días duros,
Noches compartiendo planes
Y lágrimas de otros”.

 

Mientras tanto, la sombra de la muerte se cernía sobre Santiago Atitlán; eran los años de la Guerra Civil y el ejército instaló un destacamento en el pueblo. A toda hora se podían ver  soldados y hombres de particular armados haciendo preguntas, rondando por las calles en actitud amenazante y por las noches estableciendo un cordón en torno a la iglesia católica, ya que consideraban a sus miembros colaboradores de la guerrilla.

Comenzaron las desapariciones y asesinatos de líderes comunitarios, comunicadores de la emisora La Voz de Atitlán, fundada por el sacerdote y algunos catequistas.

La hija de uno de los más cercanos colaboradores del Padre, todavía 34 años después, tiembla al recordar esos días cuando siendo niña, tuvo que dormir con su familia muchas veces en el suelo de la iglesia para sentirse a salvo. Aplas logró que su papá y otros pobladores amenazados salieran del país y les prometió cuidar a sus familias. La niña veía cada semana llegar a su casa al sacerdote con la comida, ropa y dinero necesario para ellos. Y así con muchas familias.

En la lista de condenados a morir por el ejército aparecía siempre Aplas. La diócesis, preocupada por su seguridad le recomendó irse a Oklahoma a un tiempo. Permaneció unas semanas en la casa paterna, pero su corazón ya no estaba allí. Deprimido pero resuelto, decidió volver a Santiago Atitlán, su verdadero hogar.

Fue a visitar a su amigo Gregorio Schaffer, párroco del pueblo vecino, San Lucas Tolimán. La asistente de éste nos relata cómo se le insistió para que se fuera:

 “Regresa después de la guerra, cuando todo esté tranquilo” fue el consejo de Schaffer.

“No puedo hacer eso, yo estoy dispuesto a entregar mi sangre por ellos, un pastor no deja sola a sus ovejas. Sé que van a matarme, y estoy preparado” fue la respuesta que recibió.

Al regresar a Santiago Atitlán, dio una homilía de despedida, los feligreses en ese momento no entendieron que cuando les hablaba de un pastor que daría la vida por su rebaño y que siempre estaría con ellos para cuidarlos, estaba hablando de sí mismo. Lo comprendieron dos días después.

Tampoco supieron que encargó un ataúd, especificando que fuese el más simple y austero que se pudiera. El hijo del carpintero al que se lo encargó recuerda que al no decirles para quién era, su padre hizo uno de tamaño estándar que resultó insuficiente para la altura del sacerdote.

Dejó por escrito su última voluntad, estableciendo claramente que deseaba que su corazón permaneciera en esta tierra que tanto amó.

Por la madrugada, tres hombres ladinos, armados entraron en la casa parroquial. Su propósito era llevárselo, pero Apla's estaba determinado a no sufrir tortura, porque había visto de cerca sus efectos y le horrorizaban. Luchó contra ellos, tanto que sus nudillos quedaron sangrantes. Dos balazos pusieron fin al enfrentamiento y los asesinos huyeron.

Aplas quedó tendido en un charco de su propia sangre, muerto dentro de su hogar y en el pueblo que adoptó como el propio. Schaffer fue de los primeros en llegar y Encarnación, su asistente, entre lágrimas buscó un frasco y recogió amorosamente la sangre del sacerdote “porque era demasiado valiosa como para que quedara tirada en el suelo”.

El pueblo iracundo quería venganza, lo cual hubiese podido terminar con centenares de muertos. Encarnación nos relató cuánto trabajo le llevó al padre Schaffer consolar a los fieles con la esperanza de la resurrección y hacer que honraran el legado pacífico de su pastor.

Hoy, el cuerpo de Apla's reposa en una sencilla tumba de su pueblo natal en Oklahoma, decorada solamente con un rosario de piedras del Lago de Atitlán.

Pero su corazón permanece en el lugar que él eligió, en el monumento conmemorativo dentro de la iglesia de Santiago Apóstol; su sangre permanece incorruptible, viva. Como nos dijo la hija de su colaborador exiliado: “Su sangre está así porque él sigue viviendo entre nosotros”.´

 

“Arrancado de la carne
Tu argollado corazón
Se quedó.
Presionados, enviamos tus huesos,
Pero mantuvimos la cadena”

 

Epílogo:

Sentada en la habitación donde asesinaron a Apla's y que proyecta una energía triste pero acogedora, veo entrar y salir a montones de personas, locales y extranjeras. Vienen a presentar sus respetos al sacerdote de la dignidad, al pastor que no dejó solas a sus ovejas.

Apla's ya ha sido reconocido como Mártir de la Iglesia y se espera que para julio de 2016, cuando se cumplan 35 años de su muerte, sea declarado Beato.

Sin embargo, todas las personas con las que hablé para este reportaje usaron una frase en común:“Aplas es un santo”.  Lo dicen con convicción, no necesitan dictámenes de ninguna institución para sentirlo.

Mientras reflexiono en esto, entra  una jovencita de alrededor de veinte años; sin importarle la presencia de los demás, se persigna e hinca frente al altar hecho en memoria del sacerdote martirizado, donde permanece rezando largo tiempo. Para ella, que no lo conoció, también es su santo.

Hoy Santiago Atitlán es un pueblo próspero, con una férrea identidad,  orgulloso de sus tradiciones,que decidió expulsar al ejército de su territorio y no permitirá jamás que la historia de horror se repita en su tierra.

Aplas está allí, vivo como su sangre, cumpliendo con la mayor muestra de amor: “El que da la vida por sus hermanos".

El santo que vino a dar su corazón fue asesinado el 28 de julio de 1981. Cada año en esa fecha se conmemora su legado con ceremonias especiales. La de 2016 será muy importante por tratarse del 35 aniversario.

El sitio de memoria se abrió casi inmediatamente después de su muerte, por lo que tiene más de tres décadas de existir. Es visitado por personas que jamás le conocieron pero que aprendieron en sus familias sobre su ejemplar vida. El sitio lo administra la parroquia de Santiago Atitlán, una organización religiosa de gran incidencia en el municipio, conformada por religiosos y laicos.

Quienes deseen visitar el Memorial de Apla's, lo pueden hacer en sus dos instalaciones: Dentro de la Iglesia Católica de Santiago Apóstol, su altar se encuentra a mano derecha de la entrada. También en la Casa Parroquial adyacente a la Iglesia, abierta siempre en horas hábiles de lunes a domingo. Se lleva un registro de visitantes y pueden adquirirse libros con la historia del Mártir. 



Multimedia

Fotos

Dirección:

Iglesia Católica de Santiago Apóstol en Santiago Atitlán

Ubicación:

Interior de la Iglesia Santiago Apóstol. A la entrada a la derecha está el mausoleo de Apla's.


Cómo llegar:

Desde la ciudad de Guatemala, tomar la carretera CA-9 y conducir 159 km

Tipo de sitio de memoria:

Mausoleo


Estado sitio de memoria:

Buen estado


Tipo de delito:

Asesinato


Comunidad lingüística:

Castellano



Nombres de las víctimas fallecidas


  • Stanley Francisco

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