Memorial para Miguel Ángel Reanda Sicay 

 Sitio donde se recuerda al esposo de Concepción Ramírez; la mujer cuyo rostro está plasmado en la ficha de 25 centavos de Guatemala. 

Los Duelos callados de Chonita

Olga Marina Umul Xobin

En la escala social de nuestro país, las mujeres indígenas hemos ocupado siempre el último lugar. Somos las invisibilidades del sistema.

Hay entre nosotras un grupo especialmente afectado por la historia de represión y muerte de nuestro país: Las viudas de la guerra.

Mujeres relegadas por el Estado desde antes de nacer, olvidadas por el sistema educativo, destinadas a una vida de servicio a otros, con todas las obligaciones y ningún derecho...

..Y de pronto, viene el horror inexplicable que les arrebató a sus seres más queridos y las colocó en una posición aún más vulnerable, a cargo de sus niños y con el estigma de ser parientes de "guerrilleros".

Hoy quiero relatarles la historia de una de ellas: Doña Chonita, Concepción Ramírez Mendoza alguien a quien ustedes han visto muchas veces. Sí, porque ella es la modelo de la moneda de 25 centavos. Fue elegida como la jovencita más linda de Santiago Atitlán a los 17 años y recibió a cambio Q2.00. 

En esa época Chonita no sabía las tragedias quetendría que enfrentar cuando llegaran los temibles años 80's que sumieron a Guatemala en un funeral continuo.

La joven modelo se casó, tuvo 6 hijos y llevaba su vida en el esforzado anonimato que es el destino de miles de mujeres indígenas, mientras su esposo, Miguel Angel Reanda Sicay, se dedicaba al comercio.

El padre de Chonita, Pedro Ramírez, era pastor evangélico con gran vocación de servicio social, lo que le costó la vida a manos del ejército, quien cometió un atentado contra su vida; le llamaron "el predicador de la guerrilla"  y la segunda vez no pudo escapar. El ejército lo torturó salvajemente. Su cuerpo apareció en trozos en una comunidad lejana; pudieron identificarlo por su anillo de bodas.

Pero no sería la única muerte que Chonita lloraría.

Poco después Antonio, su cuñado, corrió la misma suerte, junto con su hijo. Y sus hermanos también. La familia de Chonita experimentó muerte tras muerte. Y aún faltaba el dolor más grande.

En 1990, Miguel Ángel Reanda viajaba hacia la capital en un autobús que fue interceptado por el ejército. Cuando los soldados los intimidaron, Miguel se levantó, diciéndoles con valentía que los que iban allí eran personas trabajadoras y que los dejaran en paz. Fue lo último que pudo decir. 

Los soldados ejecutaron a Miguel y también a Gregorio Ramírez,  así como al dueño del bus de apellido Aguirre enfrente de los aterrados pasajeros que pedían misericordia para ellos.

Cuando se le pregunta a Doña Chonita por qué mataron a su esposo, responde: "El no andaba metido en nada. Sólo andaba consiguiendo la tortilla", es decir, la comida para la familia.

Así comenzó para Doña Chonita la dura experiencia de criar sola a seis hijos y tener que trabajar en lo que se pudiera, lavando ropa de otros; ganando al cabo de un día de trabajo solamente Q5.00. 

Esa dura vida que Doña Chonita enfrentó con dignidad, la tuvieron todas las viudas de la guerra, teniendo que pasar por muchas humillaciones y tragarse su dolor porque en esos tiempos "no podían culpar a nadie ni decir nada" sobre las muertes de la familia.

Estar en la moneda de 25 centavos sólo le ha servido para que los medios de comunicación le hagan reportajes y algunas autoridades homenajes de pura forma pero sin darle ni siquiera el crédito de su nombre en la moneda. Es la única persona de las que aparecen en monedas y billetes,innominada. 

Hoy, Doña Chonita carece de vivienda y no tiene a sus 73 años ningún ingreso económico. Vive en la casa de su hija Julissa. Todas  las promesas nunca se hicieron realidad.

Julissa dice que el mejor homenaje para su madre sería que lecoloquen su nombre a la moneda mientras ella aún viva.

Estoy de acuerdo con ella y pienso que Doña Chonita es modelo, no solamente de la moneda de 25 centavos, sino del coraje y dignidad de todas las viudas de la guerra, que tuvieron que guardar su duelo callado para no tener más tragedias que lamentar.Siguieron adelante, en su silenciosa dignidad, sin recibir apoyo psicológico para superar el trauma de la guerra y contando solamente con ellas mismas y su fuerza indomable.

Las viudas de la guerra son casi todas mujeres indígenas olvidadas hasta hoy por las autoridades y por la ciudadanía. Ellas no murieron, pero llevan dentro heridas incurables. También son víctimas.

El mínimo homenaje que merecen es el nombre de su representante en esa moneda.

Me quedo con el gesto digno de Doña Chonita al fotografiarla, mientras me decía: "Soy una gran mujer".

En verdad lo es. Y más que eso. Es la prueba viviente que "nada podrá jamás contra la vida".

*Fragmento de un poema de Otto René Castillo, quemado vivo por el ejército guatemalteco el 27 de marzo de 1967.

 

 

 

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